Suspendida entre la tierra y el mar, la Torre Cuadrada de Castellace, o Fortaleza de Castellace, domina desde lo alto la costa jónica y el interior de Locri. Sus orígenes se remontan probablemente a la Edad Media, pero la colina que la alberga conserva huellas de frecuentación aún más antiguas, que se remontan a la época de la Magna Grecia. Su planta cuadrangular y sus sólidos muros de piedra local hablan de su misión: vigilar el territorio, controlar el mar y comunicarse con otras torres y fortificaciones de la región.
Con el tiempo, la torre se ha adaptado a las necesidades militares, sufriendo modificaciones que han reforzado su estructura, pero su aspecto esencial e imponente conserva la autenticidad de la arquitectura defensiva: sin ornamentos, sólo funcionalidad y protección.
Hoy, llegar a ella significa atravesar senderos inmersos en el maquis mediterráneo y alcanzar un panorama sobrecogedor que se extiende desde las cumbres del Aspromonte hasta el horizonte marino. El silencio que envuelve la fortaleza, sólo interrumpido por el viento y el canto de los pájaros, devuelve la sugestión de estar en un lugar que, desde hace siglos, vigila la costa y a los habitantes de Locri como un fiel centinela.