La campiña de Santilaria cuenta una historia milenaria, esculpida en la piedra y en los campos que se extienden entre el mar Jónico y las colinas de olivos. A lo largo de los acantilados de la zona conocida como Petti, una vasta meseta plantada de viñedos y olivares, el tiempo ha conservado las huellas de más de veinte asentamientos neolíticos, descubiertos por la Universidad de Pisa: pequeñas cuevas artificiales excavadas en la roca tobácea, donde el hombre encontró refugio y los inicios de la vida en comunidad.
Más abajo en el valle, la histórica carretera de Rombolella une el mar con la montaña, bordeando las antiguas fincas agrícolas de los notables de Santilaria. Caseríos de los siglos XVII y XVIII, como el Casino del Príncipe de Roccella, Murdaca, Speziali y Lanciano, salpican el paisaje con su elegancia rural, inmersos en el verdor y asomados a un horizonte que abraza el mar.
En el centro de esta fértil tierra se encuentran los dos centros históricos de Condojanni y Sant'Ilario. Condojanni, antiguo pueblo medieval, custodia su castillo normando que domina dos colinas en forma de herradura y esconde túneles y leyendas de lejanas batallas, como la de Lepanto. De aquí nació el renacimiento de la zona: con la familia Carafa di Roccella, a finales del siglo XVI, tomó forma una nueva fisonomía agrícola y urbana, y Sant'Ilario pasó de ser una aldea a una comunidad viva y noble, con sus palacios señoriales y el aliento de una tierra que hoy sigue contando su propia historia.